lunes, 7 de marzo de 2011

Día de muertos en Campeche.

México es un país de celebraciones donde cada región geográfica se caracteriza por particularidades culturales con manifestaciones vivas. En  la celebración del Dìa de Muertos reúne elementos y antecedentes prehispánicos que aun  hoy en pleno siglo XXI continúan recreándose  como un elemento de identidad cultural para el pueblo maya.

En Pomuch, población al norte de Campeche, esta celebración tiene una fuerza simbólica de gran peso, donde cada familia  fusiona la tradición colonial española con la tradición maya.
Los preparativos inician con días de anticipación y están orientados esencialmente a brindarle a las “ánimas” que nos visitarán una estancia agradable, motivo por el cual se esfuerzan en organizar tareas de limpieza, reparación y pintura tanto en las casas, solares y terrenos de cultivo como en los panteones mismos, siendo los adultos quienes distribuyen las labores por género.

De todas estas actividades la que reviste mayor relevancia es la limpieza de los restos òseos de sus familiares, èsta se lleva a cabo el fin de semana anterior al 1 de noviembre y para aquellos que no tuvieron la oportunidad de hacerlo en esa fecha, lo realizan en la tradicional visita del cementerio  que se lleva a cabo el 2 de noviembre. En esta limpieza o purificación  participan principalmente los adultos de cada familia quienes respetuosamente retiran el osario del nicho para limpiar los huesos y hacer el cambio del mantel. 

Los restos óseos se encuentran de cajas de madera envueltos en manteles bordados con el nombre del difunto. Los  bordados también incluyen los coloridos motivos de la región como sus pájaros y flores, es oportuno comentar que año con año al restituir  el paño con uno nuevo  se considera que es la ropa nueva del difunto.

El 31 de octubre se espera con gran alegría a las almas de los niños fallecidos, con ese motivo en el altar  se les ofrendan dulces, pitos y juguetes de barro, la comida consiste en una sopa de gallina con verduras, pan y para beber chocolate y agua.

Durante estos días la familia permanece con sus muertos en el cementerio en comunión total, recordando anécdotas que compartieron durante su existencia. 

La ofrenda para los mayores se realiza el 1 de noviembre y consiste en comida ritual como el “pibipollo” que consiste en una especie de tamal de masa de maíz relleno de todas las partes de las aves (excepto la cabeza y el cuello) que se sacrifican para la elaboración de este platillo, estos pibipollos de los cuales se elaboran un gran número (de 30 a 50 piezas) son cocidos en un horno de tierra, subterráneo que se denomina “pib” en lengua maya.

En la ofrenda se colocan velas de cera natural, panes dulces, frutas, aguardiente, objetos y fotos del difunto, así como una cruz de madera en color verde, que recuerda a la ceiba, el árbol sagrado de los mayas. La ofrenda debe ser muy aromática y toda la comida que se prepara debe ponerse en el altar al terminar de cocerse.  La ofrenda se acompaña con rezos invitando a las ánimas a degustarla, por lo que nadie puede tocar ni probar los alimentos del altar hasta que sean ofrecidos al mundo sobrenatural. A los ocho días
cuando se considera que los “fieles difuntos” regresan al inframundo, se les despide
de la misma forma con rezos y un altar repleto de ofrendas.

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